¿Te ha pasado que justo en épocas de mucho trabajo o tensión acabas con dolor de estómago, resfriado o migrañas? No es casualidad. Hoy sabemos que existe una relación directa entre cómo vivimos el estrés y nuestra salud física.
Estrés: más que estar nervioso/a
El estrés es una reacción de supervivencia. El cuerpo libera cortisol y adrenalina para ponernos en alerta. A corto plazo puede ser útil, pero cuando se mantiene en el tiempo, se convierte en un desgaste profundo.
📚 Las investigaciones muestran que el estrés crónico debilita el sistema inmune y favorece:
- Problemas digestivos (como gastritis o colon irritable).
- Enfermedades cardiovasculares.
- Mayor vulnerabilidad a infecciones.
- Procesos inflamatorios y autoinmunes.
Lo que las emociones hacen en el cuerpo
La psicosomática estudia justamente este puente entre lo que sentimos y lo que el cuerpo manifiesta. No hablamos de enfermedades “imaginarias”, sino de cómo la carga emocional puede afectar de manera muy real a la salud.
📚El médico Gabor Maté lo explica en su libro «Cuando el cuerpo dice no«: cuando las emociones no encuentran espacio para expresarse, es el cuerpo el que acaba haciéndolo.
Rasgos de personalidad que pesan en la salud
No se trata solo de lo que nos pasa, sino también de cómo lo vivimos.
Hay ciertos rasgos de personalidad que, a lo largo de la vida, pueden debilitar el sistema inmune y aumentar la vulnerabilidad física:
- Reprimir emociones: no mostrar tristeza, miedo o dolor para “no molestar”.
- Amabilidad constante: priorizar siempre a los demás, sin poder decir “no”.
- No expresar el enfado: guardarse la rabia o la frustración aunque se vivan con intensidad.
Estos rasgos, que muchas veces se forman en la infancia y en la forma en que aprendimos a vincularnos, se convierten en un factor de riesgo silencioso.

Una mirada relacional
Entendemos que estas formas de ser son respuestas antiguas, estrategias que ayudaron a mantener vínculos importantes en el pasado. Sin embargo, cuando se repiten en la vida adulta sin cuestionarse, pueden generar un gran coste físico y emocional.
El cuerpo, en estos casos, se convierte en portavoz de lo que no encuentra palabras.
Escuchar al cuerpo, cuidar de una misma
Los síntomas no son un enemigo, sino una señal.
💭Preguntarse “¿qué me está queriendo decir mi cuerpo?” puede ser el inicio de un cambio que implique cambios a nivel profundo, de rasgos de tu personalidad y de la forma en la que te relacionas con tu entorno.
En ocasiones lo que pudieron ser defensas automáticas infantiles para protegernos emocionalmente, se convierten en rasgos de personalidad.
🚨 Recuerda, la expresión de lo que una siente y necesita no debería estar generando cargas o grandes malestares en tu día a día.
¿Por qué crees que te cuesta pedir lo que necesitas?
¿Qué pasa si dices que «no»?
¿Dónde se queda tu enfado si algo te duele y no lo expresas?
En un espacio terapéutico es posible traducir esas señales, poner en palabras lo que antes se expresaba en contracturas, insomnio o cansancio, y así abrir un camino hacia un mayor bienestar.
📚 Referencias:
- Maté, G. (2003). When the Body Says No: Exploring the Stress-Disease Connection.
- Sapolsky, R. (2004). Why Zebras Don’t Get Ulcers.
- McEwen, B. (2007). Physiology and neurobiology of stress and adaptation: central role of the brain. Physiological Reviews.