«Estoy cansada, pero no sé de qué».
No siempre es el trabajo. No siempre son los hijos. No siempre es la pareja.
A veces el cansancio tiene que ver con algo menos visible: pasar demasiado tiempo sosteniendo a los demás y demasiado poco escuchándote a ti.
Es un agotamiento que no siempre se nota por fuera. Muchas personas siguen funcionando, cumplen con todo e incluso sonríen. Pero por dentro sienten que hace tiempo dejaron de preguntarse cómo están.
Estar para todos puede convertirse en una forma de vivir
Hay personas que organizan, recuerdan, anticipan, acompañan, resuelven y tranquilizan casi sin darse cuenta. Son quienes perciben enseguida si alguien o algo está mal. Quienes intentan evitar conflictos. Quienes rara vez piden ayuda porque sienten que deberían poder con todo.
No suele ser una decisión consciente. Es una forma de relacionarse que, en muchos casos, se aprendió hace años.
¿Y quién sostiene a quien siempre sostiene?
Es una pregunta sencilla, pero no siempre fácil de responder.
Cuando estamos acostumbrados a cuidar, podemos llegar a creer que nuestras necesidades son menos importantes o que ya habrá otro momento para atenderlas. Ese momento, sin embargo, muchas veces no llega.
Y el cuerpo empieza a hablar: cansancio, irritabilidad, dificultad para disfrutar, sensación de vacío o de estar viviendo en piloto automático.
Cuidarse también es una responsabilidad
Existe la idea de que cuidarse es un lujo o un acto egoísta. Sin embargo, sostener relaciones sanas también implica reconocer nuestros propios límites.
No podemos ofrecer presencia, escucha o calma de forma indefinida si nosotros mismos llevamos mucho tiempo funcionando desde el agotamiento.
Cuidarnos no nos aleja de los demás. Nos permite estar de una manera más auténtica.
Una pequeña pausa
Quizá hoy puedas hacerte una pregunta sencilla:
¿Hace cuánto tiempo que no haces algo únicamente porque tú lo necesitas?
No porque sea útil.
No porque alguien lo espere, simplemente porque te hace bien.
Para terminar
Las relaciones más saludables no son aquellas donde una persona sostiene siempre a las demás, sino aquellas donde el cuidado puede circular en ambos sentidos.
Quizá empezar a darte un poco del tiempo, la atención y la comprensión que ofreces a otros no sea un gesto egoísta.
Quizá sea el comienzo de una forma diferente de relacionarte contigo y con quienes te rodean.